El consumo digital se ha disparado desde la pandemia, hito indeleble en la historia de adopción tecnológica de la humanidad.
Desde entonces un comportamiento que traía ya un crecimiento alto, se volvió el canon de consumo de contenido a nivel mundial, con Xhs de video digital por persona promedio, y en donde el X% se hace directamente en el celular.
El contenido en video es directo, fácil de consumir, posee mayor capacidad de transmitir información compleja o extensa, capta más la atención gracias al movimiento y permite todo tipo de intertextualidades como la generación de clips, reacciones, apropiaciones o señalamientos, generando un nuevo lenguaje de internet.
Todas las redes sociales competitivas luego del 2020 se Tiktokizaron incrementando de manera muy significativa el consumo de videos verticales cortos en su oferta bajo distintos nombres, reels, shorts, clips, o el que muchos podrían considerar el original un TikTok.
El video digital, es el nuevo zapping (modalidad de consumo de TV en el que las personas cambiaban de canal viendo fragmentos de lo que suponía el contenido completo, así alguien miraba 5 minutos las noticias 10 un programa de cocina y 20 una película de acción empezada), ya no nos vemos en la necesidad de una reproducción larga o video completo, ni en la mecánica de “buscar que ver” somos directamente expuestos a una oferta aparentemente ilimitada de contenido seleccionado por el algoritmo entrenado por nuestras preferencias y comportamientos.
Y como audiencia, somos un dios caprichoso, descartando e incluso viendo fracciones de contenidos que ya fueron pensados para funcionar de manera fraccional.
Los sitios web han incrementado su composición de video siendo ya común con fines artísticos, de explicación de productos, etc.
Las plataformas de e-commerce incorporan video a una velocidad apabullante y el LIVE-commerce es la nueva tendencia en Asia y EE.UU. haciendo transmisiones en vivo.
A la vez y sin importar el avance de la tecnología, producir buen video para marketing, en especial digital, puede ser difícil y costoso.
Errores de planificación, elevados costos de producción, cambios en las plataformas, distintos tipos de especificaciones de formato, anuncios y videos cortos que se consumen a velocidad y dejan de ser competitivos en meses.
Está claro que es algo complejo, pero la solución no es ignorarlo o evitarlo, hoy, no poseer una estrategia de video significa darle una ventaja a nuestros competidores.
Planificar logos animados, videos héroe centrales de campaña, líneas de contenidos, sets de anuncios y videos para la web de manera adecuada es solo el comienzo. Hacerlo de manera correcta no solo permite una imagen de marca más potente sino que además permite un significativo ahorro de recursos, no solo de tiempo y dinero sino también de tensión en los equipos, exposición a riesgos y sobre todo de complejidades en el día a día.
Contar con un equipo especializado que entienda profundamente el funcionamiento de todos los puntos de contacto de video de la marca y de los procesos detrás del máximo provecho de cada uno es esencial para tener éxito. Ya no hay lugar para improvisar en un mundo en el que la audiencia la compartimos con creadores de contenido, influencers y señales de entretenimiento. Los anuncios tal cual los conocíamos ya no existen. Todo es un continuo consumo de contenido.
Si pensamos nuestros mensajes de marca como anuncios interruptivos, lo más probable es que funcionen menos, que aquellos luzcan como un contenido más, aportando valor en sí mismo. Desde luego que esto no es tan simple, por esa razón trabajar de manera iterativa en mejorar el contenido en video de cada marca es un proceso que no solo mejora los resultados cuantitativos sino que genera un impacto holístico que se amplifica con el paso del tiempo mejorando la performance de toda la marca.
Por todas estas razones hacer foco en mejorar nuestras capacidades de video marketing es clave para mantener competitividad e impacto en las audiencias actuales.